martes, 9 de marzo de 2010

TH en Oberhausen, mi versión de los hechos

Tokio Hotel en Oberhausen (Alemania)
26 de febrero de 2010

Mi versión de los hechos



Desde que habíamos conseguido las entradas, la verdad es que los nervios se habían ido a otro lado. Desde hacía una semana, volvían en momentos puntuales, sobre todo cuando hablaba con las chicas. Sin embargo, volvieron absolutamente todos, y a la carga, al llegar al aeropuerto el jueves 25 de febrero y al ver a Lidia, cuyo vuelo a Berlín había sido retrasado más de dos horas, y sobre todo al ver que unos tras otros se iban cancelando debido a la huelga de controladores franceses. En este momento, me sentía de todo menos Francesa la verdad, ¡vaya compatriotas! No podía perderme un concierto tan mítico, y menos por una estúpida huelga. Había conseguido un día libre en el trabajo para asistir, unas entradas bien ubicadas, los vuelos, en fin, todo… y era Oberhausen… ya estaba imaginándome las alternativas posibles para poder llegar a tiempo, pero eran bastante escasas… una mezcla de miedo, estrés y tristeza por adelantar acontecimientos estaba apoderándose de mí…

Finalmente Lidia embarcó y mi vuelo, para el cual el retraso previsto en un inicio era de 40 minutos, tan solo salió unos 15 minutos más tarde, y llegué como previsto a Düsseldorf el jueves por la noche. Cogí el autobús que me llevaría al centro de la ciudad y me fui al hotel como si conociese la ciudad de toda la vida (¡gracias Google Maps!).

El viernes salí sobre las 8h00 de la mañana para aprovechar un poco más el día e ir visitando parte de Düsseldorf mientras Marta, Lidia, Elena y María iban llegando, poco a poco, sin retraso alguno a pesar de la huelga que seguía en pie. Ese fin de semana pensé en varios momentos que teníamos un ángel de la guardia, y ese fue uno de esos momentos. Después de encontrarme con Elena y María, recibimos una llamada de Marta y Lidia diciéndonos que están frente a un Burger King, cerca de Correos y que hay una oficina de turismo detrás de ellas pero que no encuentran la estación donde teníamos que encontrarnos, ya que llegar a nuestro hotel era más complicado. Llegamos y resulta que tienen la estación a su derecha… No nos alojamos todas en el mismo hotel, así que nos dirigimos hacia el hostal donde Elena, Marta y Lidia tenían reserva para poder hacer el check-in… una hora de check-in… y volvemos hacia la estación para comer algo (en el Burger King… ¿os dije que soy vegetariana verdad J ?) antes de emprender nuestro viaje hacia Oberhausen, sin antes meternos en el parking de la Feria de Dusseldorf por error… Dusseldorf-Oberhausen: unos 40 kilómetros aproximadamente… más de dos horas de viaje porque no salíamos de un atasco que nos metíamos en otro. Estas dos horas cunden mucho, vamos, que no nos aburrimos: escuchamos la tracklist del concierto, tener muchos momentos “rubios” y decir muchas tonterías… como lo de comprar Neverland, arreglarlo poquito a poco y tener concierto de los niños allí… Llegamos finalmente a Oberhausen, donde olvidamos tomarnos una foto al lado del cartel L, con un enorme alivio y muchas ganas de tomarnos un café. Después de aparcar el coche en el parking 6 siguiendo las indicaciones de un señor que dirige el tráfico, nos acercamos al centro comercial situado en frente del Arena, para una sesión maquillaje-café… donde nos reunimos unos minutos más tarde con Baltasar. Saludos, abrazos, fotos, sacamos la bandera y nos dirigimos finalmente hacia la entrada del ARENA DE OBERHAUSEN, una meca para cualquier fan de Tokio Hotel.

Después de una espera de dos horas, cae un telón y nos adentramos, a la llamada de Bill con “Komm”, en una ciudad Humanoid con una alegría tan grande que cuesta calificar. El escenario, el vestuario, las canciones, el ambiente, todo da la impresión de que estamos en otro mundo, un mundo del que todavía no acabo de salir la verdad. Estamos en el sector 105, bastante cerca, se ve perfectamente ya que además la sala tampoco es tan grande. La acústica es inmejorable. Las numerosas luces del escenario, de los trajes que lleva el líder de la banda y los focos hacen que sea casi imposible tomar fotos en condiciones correctas. Es igual… sé que lo que estoy viendo no se borrará de mi memoria… la música me lleva, estoy de pie, intentando hacer caso omiso de unas fans histéricas que se encuentran detrás de mí y gritan sin cesar el nombre de Bill en lugar de escucharle cuando habla. Estoy bailando (cosa extraña para mi), cantando, viviéndolo, impregnándome de cada nota, de cada palabra, de cada luz.

Momentos claves como la visualización de fotos y videos de la trayectoria y crecimiento de los cuatro componentes del grupo, con “Lass Uns Laufen” de fondo, desatan la locura entre los asistentes, muchos de ellos interpretan incluso la canción. “Automatisch”, en cambio, no obtuvo el éxito que seguramente esperaban los chicos… mientras el vocalista presentaba el micrófono al público para que este entonara la letra, este último se quedo callado. Un concierto plagado de novedades y sorpresas (para los que no habían mirado en Internet lo que ocurría en los tres conciertos previos), mucho más elaborado que las actuaciones de las giras anteriores, con la aparición de Bill en una moto en “Dogs Unleashed”, Tom tocando un piano en llamas en “Zoom”, y otras impresionantes saliendo del borde del escenario y cuyo calor se pudo sentir en toda la sala en dos temas. Una pirotecnia digna de grandes grupos con bastante más experiencia que ellos. Tuvimos también derecho al tradicional momento acústico, con otros dos temas, entre ellos “Humanoid”, que por desgracia no pone en valor toda la potencia de esta canción (a mi gusto). El juego de integrar una parte de “Monsoon” en “Screamin’”, que personalmente hubiese continuado hasta el final, sorprendió también muy gratamente, así como el cambio de registro vocal en otros dos o tres temas. La inclusión de canciones más antiguas como “Ich Brech Aus”, “Übers Ende der Welt” y “Durch den Monsun” fue lo que animo, aún más si cabía, al público, un público muy extenso con mucho más chicos de los que había antes, y con edades que iban de los 10 a los 50 años y más. Una prueba más que Tokio Hotel no sólo es un grupo para adolescentes histéric@s, aunque por desgracia est@s sigan subsistiendo.

Mientras vemos que Gustav, encaramado en lo alto del huevo Humanoide y vestido con camiseta y pantalones cortos, sigue en su línea, apreciamos a un Tom y a un Georg muchísimo más sueltos en el escenario, y por consiguiente bastante más integrados en el espectáculo si lo comparamos con anteriores actuaciones. Se atreven incluso con su voz cada vez más y con un sintetizador. En cuanto a Bill, me cuesta ser bastante objetiva pero creo sinceramente que ha crecido mucho como artista, teniendo un registro vocal mucho más amplio y una soltura en el escenario digna de los más grandes. En varias ocasiones Bill se detuvo para agradecer, en nombre del grupo, al público, subrayando que esta ciudad y este recinto son muy especiales para ellos. El Arena de Oberhausen, donde grabaron el DVD de sus giras anteriores, y entendí porque al estar allí: esta sala tiene una acústica increíble, que acentúa unos acordes de guitarra, bajo y batería tocados a la perfección y amplia una interpretación vocal sin un solo falsete.

Como era de esperar, las TAs se hicieron notar, sobre todo con una bandera que pone de relieve la importancia de respetar la privacidad de los componentes de nuestro grupo favorito. Al final, como en cualquier concierto de Tokio Hotel, me costó mucho abandonar este lugar: dejaba atrás un concierto que había sido de lo más increíble, a pesar de la omisión de temas como “Spring Nicht” que significa mucho para mí, Oberhausen era y es un lugar muy especial. Un concierto que supo a poco a pesar de la hora y media de duración, un concierto que pasó muy rápido, demasiado de hecho, y aquí, una fan que, aunque le queden 5 conciertos por delante, ya está pensando si habrá o no segunda parte de gira en Europa…

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